FRÓMISTA

EL BRILLO DE LA ANTIGUA RUTA A SANTIAGO
Palencia

La historia de la palentina Frómista, como la de otras villas ilustres, está unida a la peregrinación a Compostela. En tiempos medievales, el Camino la colmó de arte y de belleza, y después tuvo que superar la decadencia que siguió a aquel esplendor. San Martín de Tours y las esclusas del viejo Canal de Castilla justifican, sin duda, cualquier visita.

Frómista © viamagicae

Hacia finales del siglo XI se fundaba aquí el Monasterio de San Martín y se erigía su iglesia románica. Algo más adelante, la peregrinación a la tumba del apóstol y la inclusión de Frómista en el Codex Calixtinus iban a resultar decisivas para el crecimiento medieval de la villa.

Medieval es también el origen del personaje de San Telmo. La tradición lo presenta como un tipo hinchado por la vanidad que, tras una humillante caída del caballo frente a todos los lugareños, toma la determinación de cambiar de vida e ingresa en un convento palentino. El santo forma parte de la identidad histórica del lugar, y lo mismo se puede decir de la comunidad judía, cuyo peso en la Frómista del Medievo fue considerable. Llegó a alcanzar el millar de miembros y su expulsión, en 1492, afectó mucho a una villa que ya se asomaba a los siglos de cuesta abajo. Tampoco falta un hebreo en la leyenda que, con el nombre de el Milagro, ha permanecido en la memoria de Frómista.

Frómista [1] © viamagicae

Se cuenta que un tal Pedro Fernández pidió dinero a un prestamista judío, quien lo denunció al ver que terminaba el plazo y la cantidad no le era devuelta. El asunto causó la excomunión del deudor, que finalmente devolvió el dinero. Tiempo después, Fernández se sintió gravemente enfermo y quiso comulgar, pero la hostia no quería despegarse de la patena y el sorprendido sacerdote preguntó al moribundo si se hallaba en pecado. Pedro confesó su excomunión, el religioso lo absolvió y pudo por fin administrarle el sacramento.

La degradada Frómista de los siglos XVI y XVII parecía tener un futuro muy escaso, pero le traería cierto aliento la construcción del Canal de Castilla. Hacia el final del Siglo de las Luces, aquella obra luchaba contra el aislamiento de las tierras castellanas dándoles comunicación con el litoral. Resultan todavía impresionantes las esclusas que se pueden ver en la villa y servían para hacer posible el paso de las embarcaciones.

Sin embargo, si hay una estampa emblemática en la población es el templo de San Martín de Tours. Su belleza no es menor que su importancia histórica, a pesar de que el aspecto actual se deba, en parte, a la reconstrucción iniciada en 1895. El cimborrio octogonal y las torres cilíndricas le dan un carácter peculiar a una maravillosa iglesia que, al decir de los expertos, ocupa un lugar importante en el románico europeo.

Frómista [2] © viamagicae

Aunque no es San Martín la única iglesia de Frómista. El pasado de la villa también ha dejado los templos góticos de San Pedro y Santa María del Castillo, y sobre esta última hay una historia que contar.

Fue construida sobre el emplazamiento de un viejo castillo y, hasta 1980, contó con un espléndido retablo formado por veintinueve tablas. Ese año, el ladrón de arte Erik el Belga, que esquilmó no pocas zonas de Castilla y León, consiguió llevarse doce. Por suerte, fueron recuperadas y pasaron a exhibirse en el museo parroquial de la Iglesia de San Pedro, pero una de ellas nunca pudo recobrar su estado original: los ladrones la habían troceado para venderla con mayor facilidad.

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